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Vitaminas y Minerales

  • Foto del escritor: Meyer Lab
    Meyer Lab
  • 20 ago
  • 9 min de lectura

Cansancio que no se explica, caída de cabello, resfríos que se repiten uno tras otro. Muchas veces buscamos la causa en el estrés o la falta de sueño, sin pensar que detrás puede haber un déficit de vitaminas o minerales que el cuerpo no está recibiendo en la cantidad que necesita.


Las vitaminas y los minerales son micronutrientes esenciales: el organismo no puede producirlos por sí solo, o los produce en cantidades insuficientes, por lo que dependemos de la alimentación —y, en muchos casos, de la suplementación— para cubrir esas necesidades. Cuando faltan, no siempre dan la cara de inmediato. Los síntomas pueden tardar semanas o meses en manifestarse, y para entonces el déficit ya puede estar afectando la energía, la inmunidad o el funcionamiento de órganos completos.


Por eso, en Meyer Lab promovemos la medición de vitaminas y minerales como parte de un chequeo preventivo. A continuación, te contamos por qué es importante medirlos y qué función cumple cada uno en el organismo.


¿Por qué es importante medir tus vitaminas y minerales?


  • Detectar déficits antes de que aparezcan síntomas. Un análisis de laboratorio puede revelar una carencia mucho antes de que se manifieste clínicamente.

  • Prevenir enfermedades asociadas a carencias nutricionales. Desde la anemia hasta la osteoporosis, muchas condiciones tienen su origen en déficits que se pueden anticipar.

  • Optimizar energía, inmunidad y rendimiento físico. Los niveles adecuados de micronutrientes son la base de un organismo que funciona bien.

  • Personalizar tu alimentación y suplementación. Conocer tus valores permite ajustar la dieta o la suplementación a lo que tu cuerpo realmente necesita, en lugar de suplementar "a ciegas".


Conocé a continuación qué función cumple cada vitamina y mineral, qué puede causar su déficit y en qué alimentos podés encontrarlos.


Vitaminas liposolubles:

Se disuelven en grasa y el cuerpo puede almacenarlas en el tejido graso y el hígado para usarlas cuando las necesita.


Vitamina A (Retinol)

Función principal: importante para la visión, el crecimiento, la división celular, la reproducción y la inmunidad. Ayuda al buen funcionamiento del corazón, los pulmones y otros órganos. Tiene propiedades antioxidantes.


Su déficit puede causar: mayor riesgo de infecciones, anemia y xeroftalmía (la incapacidad de ver con poca luz que, si no se trata, puede ocasionar ceguera).


Principales fuentes: pescado, hígado, productos lácteos, huevos, melón, mango, y alimentos ricos en betacaroteno como zanahoria, batata y espinaca (el cuerpo convierte el betacaroteno en vitamina A).

Función principal: absorción de calcio y salud ósea. Sus propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y neuroprotectoras contribuyen a la salud del sistema inmunitario, la función muscular y la actividad de las células cerebrales.


Su déficit puede causar: osteomalacia (huesos blandos), raquitismo, osteoporosis y baja inmunidad.


Principales fuentes: exposición solar, pescados grasos y lácteos fortificados.

Función principal: importante para la visión, la reproducción y la salud de la sangre, el cerebro y la piel. Tiene propiedades antioxidantes.


Su déficit puede causar: daños a los nervios y los músculos, con pérdida de sensibilidad en brazos y piernas, pérdida de control del movimiento corporal, debilidad muscular, problemas de visión y debilitamiento del sistema inmunitario.


Principales fuentes: semillas de girasol, almendras y aceites vegetales.

Función principal: fundamental para la cascada de coagulación sanguínea y la salud de los huesos.


Su déficit puede causar: hemorragias excesivas, facilidad para formar hematomas y afectación de la salud ósea.


Principales fuentes: espinaca, brócoli, aceites vegetales, kiwi, fresa y pescado.


Vitaminas hidrosolubles:

Se disuelven en agua, el cuerpo no las almacena en grandes cantidades y por eso necesitamos incorporarlas de forma más constante a través de la alimentación.


Vitamina B1 (Tiamina)

Función principal: actúa como coenzima necesaria para el metabolismo de carbohidratos, grasas y proteínas. Asegura el correcto funcionamiento del sistema nervioso.


Su déficit puede causar: beriberi (pérdida de apetito, estreñimiento, debilidad muscular, dolor u hormigueo en brazos y piernas). Se asocia también a enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson.


Principales fuentes: cereales integrales, carne de cerdo, ternera, legumbres y frutos secos.

Función principal: interviene en la producción de energía y el metabolismo celular, la oxidación de ácidos grasos, el manejo del hierro hematológico y el metabolismo de otras vitaminas.


Su déficit puede causar: fisuras en los labios (queilosis), inflamación bucal, fatiga, llagas y picor, además de alteraciones hematológicas, del hierro y trastornos neurológicos.


Principales fuentes: leche y productos lácteos, pescado, carnes, verduras de hoja verde, cereales integrales y pan.

Función principal: repara el ADN y convierte los alimentos en energía. Reduce los lípidos perjudiciales, aumenta el "colesterol bueno" y aporta protección vascular por sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios.


Su déficit puede causar: pelagra (dermatitis, diarrea, demencia).


Principales fuentes: hígado, carnes rojas, pescado, aves, legumbres, y cereales y panes integrales o enriquecidos.

Función principal: ayuda a convertir los alimentos en la energía que necesitamos. Interviene en la síntesis de hormonas y colesterol, y en el metabolismo de carbohidratos, proteínas y grasas.


Su déficit puede causar: es poco frecuente, pero puede provocar entumecimiento y ardor en manos y pies, dolor de cabeza, cansancio extremo, diarrea, náuseas y vómitos, entre otros síntomas.


Principales fuentes: carne magra, aves, pescado, cereales integrales, palta, papa, brócoli, maní, semillas de girasol y garbanzo.

Función principal: importante para el desarrollo cerebral normal y para mantener saludables el sistema nervioso y el sistema inmunitario.


Su déficit puede causar: anemia, disfunción inmune, alteraciones neurológicas y convulsiones.


Principales fuentes: aves, pescado, papa, garbanzo, banana y cereales fortificados.

Función principal: importante en la formación de los glóbulos rojos y para el crecimiento y la función saludable de las células. Es esencial durante el comienzo del embarazo para reducir el riesgo de defectos de nacimiento del cerebro y la espina dorsal.


Su déficit puede causar: anemia megaloblástica y defectos en el desarrollo del feto (mal formación del tubo neural), por lo que suele recomendarse el consumo de suplementos de ácido fólico durante el embarazo.


Principales fuentes: verduras de hoja verde, naranja, limón, banana, melón, frutilla, legumbres y frutos secos.

Función principal: participa en la formación de glóbulos rojos, el metabolismo celular, la función nerviosa y la producción de ADN.


Su déficit puede causar: anemia, cansancio extremo, debilidad muscular, problemas intestinales, daño en los nervios y trastornos del estado de ánimo.


Principales fuentes: carnes, lácteos y huevos (es exclusiva de origen animal, un punto a tener en cuenta en dietas vegetarianas o veganas).

Función principal: necesaria para formar vasos sanguíneos, cartílagos, músculos y colágeno en los huesos. Es vital para el proceso de recuperación del cuerpo y ayuda a absorber y almacenar el hierro.


Su déficit puede causar: en casos graves, escorbuto, que provoca anemia, sangrado de encías, hematomas y mala cicatrización de heridas.


Principales fuentes: frutas cítricas, bayas, papa, tomate, pimiento, repollo, brócoli y espinaca.


Minerales esenciales:


Boro (B)

Función principal: interviene en la absorción y el metabolismo de minerales y de la vitamina D. Favorece el crecimiento y mantenimiento de los huesos, reduce la inflamación y mejora la respuesta inmune. Beneficia el sistema nervioso central y facilita la acción hormonal de la vitamina D, el estrógeno, la hormona tiroidea, la insulina y la progesterona.


Su déficit puede causar: disminución de la resistencia ósea, alteración en la absorción de calcio y magnesio, problemas de concentración y cambios hormonales.


Principales fuentes: frutos secos, semillas, legumbres, verduras, tubérculos, café, leche, sidra, vino y cerveza.

Función principal: forma parte fundamental del esqueleto y los dientes. Es imprescindible para la contracción muscular, la función del sistema nervioso, la coagulación sanguínea y la regulación de funciones celulares.


Su déficit puede causar: osteopenia, osteoporosis, riesgo de fracturas y calambres musculares frecuentes; está asociado también a la hipertensión arterial.


Principales fuentes: lácteos (leche, queso, yogur), almendra, vegetales de hoja verde, frutas, legumbres, pescado, marisco, semillas y frutos secos.

Función principal: necesario para producir energía, formar y mantener el tejido conectivo, los vasos sanguíneos, el sistema nervioso y el inmunitario. Interviene en la oxidación del hierro, la respiración celular y la biosíntesis de catecolaminas y melanina.


Su déficit puede causar: anemia, fatiga, disminución de glóbulos blancos, problemas óseos, debilidad muscular y pérdida de equilibrio y coordinación motora.


Principales fuentes: hígado y vísceras, mariscos, frutos secos, legumbres y chocolate negro.

Función principal: mejora la sensibilidad a la insulina y optimiza el metabolismo de carbohidratos, grasas y proteínas.


Su déficit puede causar: resistencia a la insulina, intolerancia a la glucosa, alteraciones lipídicas, neuropatía periférica y encefalopatía.


Principales fuentes: cereales y granos, brócoli, lechuga, manzana, banana, jugos naturales de uva, naranja y tomate, carnes rojas, jamón, pavo y frutos secos.

Función principal: clave para que las células produzcan energía (ATP), sinteticen proteínas y ácidos nucleicos. Apoya la contracción y relajación muscular, ayuda a regular la presión arterial y mantiene el ritmo cardíaco estable.


Su déficit puede causar: calambres y espasmos musculares, fatiga, debilidad general, arritmias, hormigueo, e incluso hipertensión, diabetes tipo 2, osteoporosis, migrañas, depresión e inflamación crónica.


Principales fuentes: frutos secos (almendra), semillas, vegetales de hoja verde, legumbres y cereales integrales.

Función principal: participa en una amplia variedad de procesos metabólicos, incluyendo el transporte de oxígeno, la síntesis de ADN y el transporte de electrones.


Su déficit puede causar: anemia ferropénica, fatiga, mareos, dolor en el pecho, fragilidad en las uñas y piel pálida. Durante la gestación, su déficit aumenta significativamente el riesgo de complicaciones materno-fetales, como trastornos hipertensivos, parto prematuro, bajo peso al nacer e infecciones.


Principales fuentes: el hierro hemo, de mayor disponibilidad, se obtiene de carnes rojas, aves y pescado; el hierro no hemo, de menor disponibilidad, proviene de cereales, legumbres, frutos secos y vegetales. Consumir alimentos ricos en vitamina C junto con las comidas mejora su absorción.

Función principal: es un componente esencial de los huesos, el ADN y el ARN. Forma parte de la estructura de las membranas celulares y del ATP, la fuente clave de energía del cuerpo, y regula el equilibrio general del organismo.


Su déficit puede causar: debilidad muscular, dolor óseo, fragilidad en los huesos y falta de apetito.


Principales fuentes: lácteos (yogur, leche, queso mozzarella), carnes, aves, pescado, marisco, huevo, legumbres, frutos secos, arroz integral, avena, maíz, pan integral y semillas de sésamo.

Función principal: interviene en el metabolismo, la formación de huesos y la síntesis de colágeno, fundamental para la piel, los cartílagos y los vasos sanguíneos. Participa en la cicatrización de heridas y el mantenimiento de un sistema inmunitario sano, y regula el azúcar en sangre.


Su déficit puede causar: alteraciones en la formación ósea, erupciones cutáneas, problemas de cicatrización y alteraciones metabólicas.


Principales fuentes: granos integrales, frutos secos, legumbres, vegetales de hoja verde, piña y frutos de mar.

Función principal: posee funciones antioxidantes, protectoras y antiinflamatorias. Actúa en la regulación de la glándula tiroides, brinda soporte inmunitario, evita la inflamación crónica y la autoinmunidad, y participa en la fertilidad masculina.


Su déficit puede causar: debilidad muscular, fatiga crónica, trastornos del estado anímico y reducción de las defensas; en casos poco frecuentes, la enfermedad de Keshan (una cardiopatía).


Principales fuentes: nueces de Brasil, pescado, marisco, carnes rojas y granos integrales.

Función principal: contribuye a la formación de huesos, articulaciones y piel, participa en la salud cardiovascular y cerebral, y actúa como antioxidante y antiinflamatorio.


Su déficit puede causar: mayor fragilidad en uñas y cabello, debilidad ósea, alteraciones cognitivas, disfunciones cardiovasculares y envejecimiento prematuro de la piel.


Principales fuentes: cereales integrales (avena, cebada), agua mineral, cerveza, vegetales de hoja verde, frutos secos y frutas como tomate, mango, piña, frutilla, manzana, uva y banana.

Función principal: esencial para la producción de hormonas tiroideas que regulan el metabolismo. Necesario para el desarrollo de los huesos y el cerebro durante el embarazo y la infancia.


Su déficit puede causar: bocio (agrandamiento de la tiroides), hipotiroidismo, aumento de peso, fatiga y problemas de desarrollo en niños y embarazadas.


Principales fuentes: sal yodada, pescado de mar, marisco, huevo, lácteos y derivados.

Función principal: brinda soporte inmunitario, participa en la síntesis de proteínas y ADN, favorece la cicatrización, posee funciones antioxidantes e interviene en el metabolismo de la glucosa.


Su déficit puede causar: pérdida de cabello, lesiones en la piel, retraso en la cicatrización, alteración del gusto y el olfato, y mayor vulnerabilidad a enfermedades crónicas, metabólicas e infecciosas.


Principales fuentes: carnes rojas, aves, mariscos (ostras), frutos secos y semillas.


Medir para prevenir, no para reaccionar

Como vimos, cada vitamina y cada mineral cumple una función específica e insustituible en el organismo: desde sostener la inmunidad y la energía, hasta proteger los huesos, el sistema nervioso y la salud cardiovascular. Y en muchos casos, sus déficits se instalan de forma silenciosa, mucho antes de que aparezca un síntoma claro.


La única forma de saber con certeza si tus niveles están dentro de lo esperado es a través de un análisis de laboratorio. En Meyer Lab contamos con paneles de vitaminas y minerales pensados para ayudarte a conocer tu estado nutricional y, junto a tu médico, tomar decisiones informadas sobre tu alimentación y suplementación.


Podés acercarte a cualquiera de nuestros locales en Asunción y Gran Asunción —Casa Central, San Cristóbal, Plaza Madero, San Lorenzo, Pinedo Shopping, Lambaré o Mariano Roque Alonso— o comunicarte al (021) 20 80 80 para más información.


Este contenido tiene fines informativos y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. Ante cualquier síntoma o antes de iniciar una suplementación, consultá con tu médico.

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